jueves, 3 de septiembre de 2009

ACOSO LABORAL


Hola, como todos vosotros sabéis, me llamo Javier Claver y dirijo con gran éxito una pequeña empresa dedicada al sector servicios. Duro trabajo el mío sometido no solo a la inclemencias metereológicas, sino también al látigo inquebrantable de mis clientes.

Mi sede social no sé muy bien donde está, pero si que sé donde tengo que ir a trabajar, a las oficinas de mi cliente. Una vez allí me toca hacer de todo, y de nada me quejo pese a no disponer de un ordenador ni de una mesa que pueda considerar mía. Entre mis múltiples tareas se encuentra la encuadernación, el empaquetaje, ordenar el almacén, servir cafés, etc etc. Resumiendo, las tareas de cualquier alto ejecutivo.

Pero lo que ha empezado a pasar hoy es denunciable. Y vosotros, escasos lectores, diréis con cara de pena:
¿Qué te pasa Javier? ¿Qué te hacen? ¿Ya te ha llegado la sodomización?

Amigos, a partir de hoy, tengo prohibido el consumo de cafés y de agua. Así de crudo y así de real. Por ahora con el agua puedo subsistir porque aún hay una máquina sin tarjetero, pero he interceptado un correo que no iba para mi que decía que se dejaran de pedir vasos para poder quitarla.

Así que ahora mi única solución es beber agua del lavabo y/o mendigar una tarjeta para poder saciar mi sed. ¿Cual será el siguiente paso? No lo sé, pero esto es lo que los listos llaman mobbing y los amantes del buen hablar llamamos acoso laboral

Así que sólo puedo deciros que no os confieis nunca, que yo entré aquí como vicepresidente ejecutivo y salgo todos los días como el chico de los recados.

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